Hace unas semanas recorriendo una ciudad distinta a la que vivo, acompañado con mi esposa nos detuvimos para comprar algo en un negocio, era un día de calor por lo que ella vestía una ropa más veraniega , nos estacionamos y me dice “bajate tu, no quiero que me miren”.  Afuera del negocio había un grupo de hombres tomando una bebida.  Lo hice sin cuestionamientos pero al hacerlo hice la reflexión obvia en medio de tanta contingencia que vivimos.  Porqué existe este nivel de inseguridad en nuestra sociedad respecto a las mujeres. Es cierto que no son comparables con países en donde  la violencia de género es aún mayor, sin embargo en el fondo la insecurización de la mujer en nuestro ámbito público es innegable. Con razones o no. Con cifras o no que lo respalden las  mujeres se sienten  vulnerables y vulneradas  en medio nuestro. Es inaceptable que se sientan inseguras en medio de la tarde, que teman ser abusadas en la soledad o que no puedan confiar en un hombre por el temor que pueda abusar de ella.  Esto es triste  para mi (estoy rodeado de mujeres).  Pero con lo terrible que resulta hay algo aún peor. Lo peor es el nivel  de desorientación que tienen  quienes luchan para erradicar esto, construyendo construcciones falaces, carentes de realidad teórica o práctica. El problema no es cultural, no es social, no es legal.   El problema radica en el corazón profundo del hombre, el sentido de autocomplascencia es tan poderoso que arrastra al hombre a moverse como un depredador , a desensibilizar toda la relación con la mujer, con indolencia como un latifundista en medio de su territorio. Sin considerar los consejos propios de Dios.  Este actuar bestial y animalesco no se resuelve con ningún proceso humano de adoctrinamiento,  porque es una manifestación visible de un problema invisible en el corazón de cada uno, su condición espiritual de muerto, de apartado de Dios consecuencia  toda la distorsión respecto a la relación con la mujer y su entorno.

La mujer y el hombre no son iguales, esto es una ofensa al carácter creativo de Dios. Ambos fueron dotados con atributos y características propias, diferentes y complementarias. Asumir que la mujer sea un hombre es literalmente denigrarla a ella y a quien le creó. Las feministas pierden el tiempo si creen que reconstruyendo la sociedad en sus códigos morales podrán resolver los problemas del instinto profundo del ser humano. Están desorientadas, lo que los hombres necesitan es conocer a Jesús y su evangelio. Sólo esa verdad puede generar ese cambio que tanto anhelan. Todo esfuerzo cultural es infértil . Porque a lo sumo serán capaces de esconder el problema, de invisibilizarlo y encerrarlo al ámbito privado y eso no resuelve nada sólo lo quita de la vista.

Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *