Hace un tiempo una de mis hijas estaba muy enojada por una respuesta negativa que le había dado, su molestia era tal que se había fácilmente olvidado de los principios que rigen mi casa, el respeto, la sujeción y fundamentalmente las formas con que debe expresar sus emociones. Todo eso importó muy poco y terminó teniendo una muy mala actitud. Mi respuesta inmediata frente a esa inaceptable actitud fue de molestia, esa molestia que justifica una acción firme y categórica, una acción que implicaba un castigo severo a ella. Me resultaba inaceptable que después de tantos años juntos, bajo la enseñanza, la disciplina y viendo con sus propios ojos el beneficio de respetar los principios se olvidara tan rápidamente y hubiera tenido esa mala actitud. Cómo puede ser que no pueda controlarse y no pueda canalizar esa frustración sin traicionar lo que creemos y somos. Podría reprenderla severamente por su accionar o podría sentarme con ella a entender en amor las desviaciones de su corazón. Mi hija está en tinieblas, no conoce al Señor aún pero sin embargo en esta doméstica situación Dios me permitió comprender una verdad sobrenatural.

¿Cuántas veces el evangelio nos enseña que confiemos en Él? Cuántas veces Jesucristo prometio guardar nuestra vida mientras estemos en el cuerpo? Pero sin embargo ante la más mínima turbulencia nos olvidamos y la angustia y la preocupación se apropia de nuestro corazón . Toda una vida de cuidados y fidelidad y en la primera circunstancia nos olvidamos de su fidelidad. Si fuera como nosotros simplemente debiera afligirnos aún mas para mostrarnos su fidelidad en medio de ella. Pero sin embargo nos prepara paulatinamente, con pequeñas dosis de situaciones para irnos capacitando para la siguiente prueba y administra por medio de su gracia su enseñanza y formación en nosotros. El trato de Dios no busca imponerse ni conducirnos hacia la perfección absoluta por medio de una circunstancia sino a avanzar paulatinamente hacia esa integridad ya obtenida por medio de la participación con Cristo en la Cruz del calvario. Es un trato amoroso, pero dedicado que está consciente de las debilidades propia de la condición humana, consciente porque la vivió y por consecuencia puede entendernos.

No confunda entender con aceptar, cuidado con asumir que la empatía es lo mismo que la aprobación. El cuidado amoroso de Dios no traiciona su santidad y por consecuencia nosotros tampoco debemos hacerlo. Créame que es posible amar en gracia y misericordia y su vez confrontar el pecado que Dios tanto desprecia. Es posible de la misma forma que un padre reprende en amor a su hijo por comer algo que le daña, así también Dios manifiesta su amor guiándonos en medio de la corrección y la disciplina. Es posible.

Pida ayuda, Podemos ayudarle.

Si quieres contactarnos para que oremos por ti o recibas esa ayuda que necesitas escríbenos a contacto@mtna.tv

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público.